Buceo por la salud mental
Cómo el buceo puede ayudar a los socorristas y a otras personas a encontrar la calma
Por Sébastien Wilem, Instructor Formador SDI/TDI
Descubriendo un nuevo mundo
Nací en 1979 y descubrí el buceo en 1997. A los 18 años, me atrajo la curiosidad y la promesa de la aventura, pero nunca podría haber imaginado cuán profundamente este mundo bajo la superficie cambiaría mi vida. Estaba empezando mi carrera como bombero voluntario y técnico en emergencias médicas, metiéndome en situaciones que la mayoría de las personas solo podrían imaginar en pesadillas. Llamadas de emergencia, incendios, accidentes, todo se convirtió en parte de mi vida cotidiana. Y sin embargo, en el caos, encontré un refugio inusual: el buceo.
Desde mi primera respiración bajo el agua, sentí una calma como nunca antes había experimentado en la tierra. El silencio, la suave presión del agua, la forma en que mi cuerpo flotaba sin esfuerzo… era liberador. Fue como si el mundo de arriba se hubiera derretido, dejándome sólo a mí, mi respiración y el vasto y vibrante océano.
A medida que continué buceando a lo largo de los años, me di cuenta de que no era sólo un escape personal. Comencé a notar el efecto que tuvo en mis colegas, bomberos, técnicos en emergencias médicas y oficiales de policía, que habían sufrido traumas y soportado cargas invisibles. Trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad, hipervigilancia: eran frases y palabras que definían sus luchas diarias, a veces en silencio. Comencé a llevarlos al mundo submarino, observando cómo sus hombros tensos se suavizaban, sus pensamientos acelerados se desaceleraban y sus ojos se iluminaban con la curiosidad y el asombro que había sentido al principio.
El buceo no es una terapia ni una cura para el trauma. Pero ofrece algo quizás aún más valioso: una oportunidad de respirar, de concentrarnos y de recuperar la sensación de control que el trauma a menudo nos roba. Esta es la historia de cómo el buceo se convirtió en una herramienta para la salud mental, para mí, para mis colegas y para cualquiera que esté dispuesto a dar el salto.
1. El mundo submarino como santuario
Hay algo casi mágico en estar sumergido. La primera vez que te deslizas bajo la superficie, el ruido del mundo se desvanece. Sirenas, alarmas, parloteo; todo es reemplazado por el silencio y el sonido suave y rítmico de tu propia respiración. Para alguien como yo, acostumbrado al caos, este silencio fue nada menos que transformador.
Silencio que habla
El silencio bajo el agua no está vacío. Habla. Permite que tu mente divague, reflexione y simplemente exista sin presión. Es un espacio mental raro donde el trauma del pasado y las preocupaciones futuras quedan suspendidas. Para los socorristas, cuya vida diaria está definida por decisiones rápidas y un estado de alerta constante, este silencio ofrece una especie de alivio que es casi sagrado. El océano tiene su propio ritmo, y cuando te alineas con él, tu mente comienza a sincronizarse también.
Libertad sin peso
La flotabilidad neutra, el arte de flotar sin esfuerzo, es más que una habilidad; es liberación. No hay gravedad presionando, no hay tensión en tus hombros, no hay miedo en tu pecho. En el agua he sentido momentos de verdadera ingravidez, tanto física como emocional. Los colegas que luchan con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) a menudo describen una sensación similar: la carga del trauma se alivia, aunque sea por un momento breve y precioso. Flotar se convierte en una metáfora de liberación, un momento en el que el mundo vuelve a sentirse manejable.
La respiración como salvavidas
Cada respiración bajo el agua es deliberada y controlada. Es lo opuesto a la respiración rápida y superficial que acompaña al estrés y la ansiedad. Para las personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT), este tipo de respiración puede resultar profundamente estabilizadora. Refleja técnicas utilizadas en terapia: inhalar profundamente, exhalar lentamente, volver al presente. Bajo el agua, este proceso es automático. El tanque proporciona aire, pero también proporciona calma. La respiración se convierte no sólo en una cuestión de supervivencia, sino en una forma de meditación.
Conexión con la naturaleza
El océano está vivo, lleno de color, movimiento y vida. Los peces se lanzan a través de los jardines de coral, las rayas se deslizan por los fondos arenosos y la luz se filtra en el agua en patrones cambiantes. Experimentar esta belleza es impresionante. La naturaleza tiene una forma de calmar la mente, reducir las hormonas del estrés y recordarnos que la vida continúa, en toda su complejidad y maravilla. Para alguien agobiado por un trauma, esta reconexión con la belleza puede parecer un pequeño milagro.
2. El buceo como aliado de los socorristas
Habiendo servido como bombero, técnico en emergencias médicas y oficial de la Policía Federal, sé de primera mano cómo el trauma afecta a quienes presencian lo peor de la vida. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es común, pero invisible. Se manifiesta en noches de insomnio, mayor ansiedad, irritabilidad y sensación de desapego. Descubrí que bucear podría ayudar a mitigar algunos de estos efectos.
Un entorno predecible
En el buceo, cada acción es deliberada: planificar la inmersión, revisar el equipo, monitorear el suministro de aire, comunicarse con su compañero. Este enfoque estructurado resulta tranquilizador para quienes están acostumbrados a emergencias impredecibles. El océano se convierte en un espacio donde existe orden y, por primera vez en mucho tiempo, la mente puede relajarse en la rutina y la precisión.
Seguridad y control
Bajo el agua, el peligro existe, pero está controlado. Cada paso está regido por la formación y el procedimiento. Para quienes padecen trastorno de estrés postraumático (TEPT), la capacidad de anticipar y controlar su entorno es empoderante. Las habilidades, los ejercicios y el trabajo en equipo restauran la confianza y reducen los sentimientos de impotencia que el trauma puede amplificar.
Maestría y competencia
El trauma a menudo deja a las personas sintiéndose impotentes. El buceo proporciona un contrapeso: aprendes a gestionar tu flotabilidad, a navegar bajo el agua y a manejar el equipo. Cada habilidad dominada es una pequeña victoria. Cada inmersión genera competencia y, con ella, un sentido de autoeficacia que el trauma erosiona.
Camaradería y confianza
El buceo rara vez es una actividad solitaria. Los sistemas de compañeros y las inmersiones en equipo fomentan la confianza, la dependencia y el apoyo mutuo. Los socorristas prosperan gracias al trabajo en equipo, pero el trauma puede aislarlos. La comunidad de buceo proporciona un puente hacia la conexión, un lugar donde el apoyo es inmediato y visible.
3. Los beneficios psicológicos del buceo
El buceo ofrece experiencias que reflejan principios terapéuticos clave para la salud mental:
- Presencia y conexión a tierra: La atención se centra por completo en el momento presente: la respiración, el movimiento, la observación del entorno.
- Excitación regulada: Las exigencias físicas del buceo, junto con la respiración controlada, ayudan a reducir la hiperactivación.
- Reconexión con el placer: Ser testigo de la vida marina y explorar paisajes submarinos desencadena emociones positivas.
- Espacio mental: La inmersión proporciona un descanso poco común de los pensamientos intrusivos, dándole a la mente espacio para descansar y sanar.
A través de mi experiencia personal y la observación de mis colegas, he visto estos beneficios repetidamente. Las personas que luchaban contra la hipervigilancia o la tensión constante encontraron alivio bajo las olas. Aprendieron a confiar nuevamente en sí mismos, a respirar plenamente y a reconectarse con la alegría.
4. Presentando a los colegas al buceo
Uno de los aspectos más gratificantes de mi viaje ha sido compartir el buceo con colegas que luchan contra el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Algunos dudaban, temerosos de probar algo desconocido. Otros se mostraban escépticos y no estaban seguros de si una aventura submarina podría ayudarles en algo.
Empezamos lentamente. Inmersiones cortas y controladas, supervisión cercana, repetición de habilidades familiares. Las primeras sonrisas a menudo no surgían de explorar un arrecife, sino de dominar la flotabilidad, la respiración y la sensación de calma que seguía. Con el tiempo, las inmersiones se volvieron más aventureras: exploraciones de naufragios, inmersiones profundas, inmersiones nocturnas, pero siempre dentro de un marco que me hiciera sentir seguro.
Ver a un colega que estaba tenso, retraído o ansioso comenzar a reír bajo el agua, maravillarse con la vida marina y compartir esa sensación de asombro con un amigo. Estos momentos son inolvidables. El buceo se convirtió en una herramienta no sólo para la recreación, sino para la restauración mental y la resiliencia.
5. Limitaciones y consideraciones de seguridad
Si bien el buceo es poderoso, no es una cura. Las personas con trastorno de estrés postraumático grave, trastornos de pánico o ansiedad incontrolada deben consultar a profesionales médicos antes de bucear. Es vital enfatizar que los instructores no brindan terapia.
Lo que pueden hacer los instructores es crear entornos de apoyo y controlados donde los buzos se sientan seguros, confiados y capaces. La clave es la paciencia, el desarrollo gradual de habilidades y el fomento de la conexión a través del trabajo en equipo y las experiencias compartidas.
6. Cómo los instructores pueden apoyar el bienestar mental
El enfoque SDI se alinea naturalmente con estas necesidades:
- Ritmo adaptado: Adaptar las lecciones y la dificultad de la inmersión reduce el estrés.
- Autoconciencia: Los informes y la reflexión fomentan la toma de decisiones con calma.
- Maestría en habilidades: La repetición y la práctica lenta generan confianza.
- Filosofía de buceo lento: Énfasis en el disfrute, no en el rendimiento.
- Construcción de comunidad: El buddying, las inmersiones en grupo y las actividades de club crean redes de apoyo.
Estos principios ayudan a todos los buceadores, pero son particularmente efectivos para aquellos que enfrentan algún trauma.
7. Reflexiones personales
A través de mi viaje, el buceo se ha convertido en algo más que un hobby. Ha sido un refugio, un maestro y un conector. He visto a colegas transformarse: los hombros tensos se relajan, las mentes ansiosas se calman, las sonrisas regresan. El océano proporciona un lienzo para reconstruir la confianza, recuperar el control y reconectarse con la alegría.
Para mí personalmente, cada inmersión es un recordatorio de que la calma es posible, incluso después del caos. Cada inmersión es una aventura, una lección de paciencia y un ejercicio de resiliencia.
8. La aventura bajo la superficie
El buceo es una combinación de aventura e introspección. Enseña humildad: el océano es vasto, impredecible y hermoso. Enseña a tener conciencia: cada movimiento, cada respiración importa. Enseña resiliencia: cada desafío bajo el agua refleja los desafíos de la vida sobre el agua.
Para quienes viven con trastorno de estrés postraumático (TEPT), esta combinación es excepcionalmente poderosa. La emoción de la exploración, la disciplina de la habilidad y la serenidad de la inmersión crean una experiencia que es a la vez desafiante y reparadora. La aventura se convierte en terapia sin el entorno clínico: una experiencia real, tangible y profundamente humana.
Una respiración a la vez
El buceo no es una cura, pero ofrece momentos de claridad, calma y conexión. Para los socorristas y otras personas que viven con trastorno de estrés postraumático (TEPT), puede proporcionar:
✨Un momento donde el ruido cesa.
✨Un momento para simplemente respirar.
✨Un momento para volver a sentirme vivo.
Estos momentos importan. Nos recuerdan que, incluso después del trauma, la alegría, la calma y el asombro aún son posibles, una inmersión a la vez.













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